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Llamamos entrevista del masaje a esos primeros minutos de la sesión en los que la persona nos cuenta su motivación para recibir un masaje. ¿Qué busca? ¿qué espera de él? ¿qué espera del/la masajista? El tiempo y escucha que dediquemos a este primer momento dará una base sólida sobre la cual comenzar el masaje y guiará el devenir de la sesión.
Las palabras son importantes en cualquier relato; la selección que hacemos de ellas, su significado, la carga emocional que puedan conllevar. Más allá de un significado compartido, consensuado, traen consigo un significado subjetivo que deja entrever la manera peculiar y personal de sentir, la historia contada, por la propia persona.  Por nuestra parte, como masajistas y seres humanos ante todo, acogeremos su relato desde nuestra propia subjetividad. Es decir, sus palabras y maneras de contar pueden tener significados distintos para nosotros. La compresión de aquello contado se verá condicionada por nuestra experiencia personal y profesional. Un masajista que en el pasado haya vivido años de estrés en una ambiente laboral hostil será capaz de comprender la situación psíquica, física y emocional de una persona que esté viviendo esta misma situación y será muy evidente para él el camino a seguir durante la sesión. Por suerte, la experiencia profesional es capaz de proporcionarnos herramientas para ello sin tener que vivir en cuerpo y alma cada circunstancia que quienes se acercan interesados en un masaje nos plantean.
En lo que a comunicación se refiere, entre un 60% y 70% corresponde a aquello que comunicamos a los otros de una manera no verbal; un lenguaje que va más allá de las palabras que pronunciamos o escribimos. Esto significa que, durante la entrevista previa al masaje, gran parte de la información que la persona estará compartiendo con nosotros/as no será a través de lo que nos cuenta sino del cómo nos lo cuenta.
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